Dra. Elsa Martínez Flores/ La escuela enseña a memorizar ciertos datos en un mundo donde eso ya no sirve de mucho en algunos casos. Basta un dispositivo con acceso a internet para encontrar cualquier respuesta en segundos, y sin embargo el salón de clases sigue organizado como si el conocimiento fuera escaso.
Esta realidad obliga a replantear una pregunta fundamental: ¿está preparado el sistema educativo para la forma en que las nuevas generaciones aprenden? El desafío ya no es recordar datos, sino enseñar a pensar, cuestionar, contrastar fuentes y construir conocimiento con sentido crítico.
Los estudiantes ya no aprenden únicamente en el salón, sino en plataformas digitales cotidianas. Zygmunt Bauman describía nuestra época como una «modernidad líquida», donde las certezas se disuelven antes de solidificarse: formar ciudadanos ya no es llenarlos de datos fijos, sino prepararlos para aprender de manera permanente.
En este contexto, el debate sobre la regulación de celulares en las escuelas cobra especial relevancia. Proteger a la niñez es una preocupación legítima, y estas medidas favorecen la concentración, pero difícilmente resuelven, por sí solas, los desafíos de educar en la era digital: el riesgo es que la discusión se agote ahí.




