Plaza insurgentes

Política arcaica

Raúl Contreras

A escasos días de que inicie de manera oficial el proceso electoral ordinario 2015-2016 en la entidad tlaxcalteca (4 de diciembre), el cual habrá de culminar el próximo 5 de junio, quienes aspiran a alcanzar primeramente la candidatura de su respectivo partido político a la gubernatura del estado, se encuentran enfrascados en rudas batallas verbales a través de diferentes medios con el único propósito de alcanzar su objetivo, cueste lo que cueste.

Las descalificaciones, golpes bajos y amenazas de desbandadas van de un lado para el otro; los “asesores” y “operadores” políticos de café planean sesudas estrategias que le permitan a su asesorado presentar las mejores condiciones o posicionamiento para representar a su partido, o bien, encabezar una eventual alianza partidista.

Reuniones secretas, públicas o semiabiertas se llevan a cabo en distintos lugares de la entidad, incluso en los estados circunvecinos. Ahí se estarían negociando las candidaturas y posibles alianzas, pero, sobre todo, la repartición de puestos. En efecto, nada nuevo ni sorprendente en la forma de hacer política en nuestro país, y Tlaxcala no es la excepción.

No obstante, dadas las circunstancias económicas, políticas y sociales por las que atraviesa el país, se torna necesario exigir a la clase política realice un replanteamiento profundo en su quehacer, bajo la premisa de que como representantes populares son empleados del pueblo, empleados de los ciudadanos que con su voto los eligieron.

Mientras que en el estado crecen exponencialmente los índices de violencia e inseguridad; los poderes locales viven en una opacidad total; la represión ejercida mediante el uso abusivo de la fuerza pública contra los movimientos sociales como el que representa la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE); así como se omite entrar de lleno al combate de la trata de personas, a pesar de conocerse nombres y domicilios de los presuntos padrotes, además de tener ubicadas las zonas y hoteles donde explotan a las mujeres a quienes por la fuerza y mediante amenazas mantienen retenidas a su lado, a los aspirantes a gobernar Tlaxcala poco o nada les importa esta situación.

Hasta este momento ninguno de los que aspiran a ocupar el Palacio de Gobierno ha hecho algún pronunciamiento acerca de estos asuntos. ¿Acaso es más importante alcanzar primero una candidatura y posteriormente hacer algún pronunciamiento al respecto?; luego entonces, ¿la postura y compromiso político de estos aspirantes a gobernador estará en función de obtener o no una candidatura?

Si así fuera, estaríamos otra vez frente a una gama de políticos con muy escasa calidad moral y política, faltos de sensibilidad, altura de miras y humanismo. No basta con salir frente a los reflectores simplemente para aplaudir la intromisión del gobierno estadounidense para venir a apresar a cinco padrotes en el municipio de Tenancingo; vergüenza nos deberían de provocar tales hechos que no demuestran sino la corrupción e impunidad imperantes en las instituciones encargadas de impartir justicia. Tampoco basta con seguir regalando bastones, sillas de ruedas y lentes a la gente que lo único que se le ve es cara de voto, en lugar de exigir el cumplimiento cabal del mandato constitucional que establece el derecho a la salud para todos los mexicanos, incluidas, por supuesto, las diálisis y los tratamientos contra todo tipo de cáncer. Explotar la imagen de un anciano o de un niño a quienes se les abraza y besa con marcada pose de marketing político es una deleznable práctica que ya debe quedar desterrada de las campañas políticas.

Lo que el país y Tlaxcala necesitan es que los “problemas” que nos aquejan se debatan abiertamente, quien aspire a gobernar el estado, el municipio o la comunidad debe exponer su plan de gobierno ante los ciudadanos, incluso antes de que sea electo candidato.

Ante la falta de credibilidad bien ganada que tienen los partidos políticos, el poder de los ciudadanos cada vez debe tener mayor solidez y presencia, dejar el proceso de las elecciones en manos de las burocracias partidistas y sus decenas de grupos o corrientes, es repetir la historia sin fin de fracasos para el desarrollo y consolidación del proceso democrático que demanda la nación.

Algún aspirante sensato, sensible y humilde que no le tema al contacto directo con los ciudadanos de a pie, a la crítica, al diálogo, tendrá, sin duda, mejores condiciones para enfrentar el proceso electoral, más allá del enorme dispendio de recursos que seguramente hará el partido en el poder, más allá de tomarse la foto con el viejito o la anciana o el niño falto de aseo.

México y Tlaxcala requieren urgentemente de otro tipo de políticos, acorde a estos tiempos de violencia extrema, con una economía depauperada, creciente desempleo y un endeudamiento cada vez mayor, donde cada mexicano carga con el enorme gasto generado por la clase política, partidos, instituciones inoperantes y jugosos salarios de altos funcionarios de gobierno, aunados a las multimillonarias cantidades de dinero que dejan de pagar las grandes empresas vía condonaciones del pago de impuestos, como los 2.9 mil millones de pesos que dejó de pagar Televisa.

Mientras tanto, 10 mil policías federales se sumaron a los que ya se encontraban apostados en la ciudad de Oaxaca para resguardar las instalaciones donde se llevó a cabo la evaluación docente enmarcada en la mal llamada Reforma Educativa. Información oficialista señala que a tal evaluación acudieron alrededor de 2 mil 800 maestros, quienes habrían sido acarreados en camiones alquilados para tal efecto. Es decir, que por cada maestro “evaluado” estuvieron presentes 3.57 efectivos federales. Esto como resultado de las reformas estructurales firmadas por el PRI, PAN y PRD en el llamado Pacto por México.

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